Buscar
Temas
 Home  Nuevo Usuario Portada    Downloads   Tu Cuenta   Enviar Noticia   Top 10   Temas   Contactar  

     Inicio
· Portada
· Noticias
· Buscar
· Foro

     Novedades
· Games Workshop
· Game Zone
· War Crow

     Biblioteca
· Calendario
· Reportajes
· Campañas
· Trasfondo
· Informes
· Relatos
· Galería

     Taller
· Escenografia
· Pintado

     Descargas
· Reglamentos
· Ezine Cargad
· Faq Burjassot
· Videos

     Club LGDL
· ¿Quienes somos?
· Socios del Club
· Colaboraciones
· Patrocinadores
· Disclaimer ©

     Usuarios
· Tu Cuenta
· Miembros
· Mi Diario
· Mensajes

     Colaborar
· Recomiendanos
· Enviar Noticia
· Estadisticas
· Encuestas
· Contactar

     Calendario
 2018
LMXJVSD
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31

Añadir evento
Ver detalles


     Lenguajes
Selecciona Idioma de la Interfaz:

English Spanish

La Fundación de Naggaroth

(7338 palabras totales en este texto)
(3617 Lecturas)   Versión Imprimible




Yo ya era viejo cuando el mundo era todavía joven, por lo que soy yo el que escribe sobre los días pasados, sobre milenios de odio, traición y falsedad. Te escribo a ti, joven Druchii, porque conozco la verdad. He estado ante las ruinas de Anlec y he navegado por todo el mundo en mi Arca Negra, la Garra del dominio. Te diré como era el mundo entonces, pues yo he comido la fruta del Árbol Negro y, por expreso deseo del Rey Brujo, he vivido a través de los tiempos incluso después de que mis camaradas hubieran muerto. Esto es lo que puedo contarte, elfo de la sangre verdadera, acerca de tu pasado.

 

Aunque hemos recorrido lugares muy distantes de esta tierra, llamada el Nuevo Mundo por los peludos bárbaros, los usurpadores humanos, no hemos olvidado las torres espirales de Anlec ni nuestros bosques de árboles gris pálido. Pues este lugar no ha sido siempre nuestro hogar.

 

Tú verdadero hogar, y el mío, está muy lejos de aquí, más allá del mar del Caos. Hubo un tiempo en el que Nagarythe fue el mayor de los reinos élficos. La belleza de nuestras orillas del norte se hizo famosa en todo el mundo y los habitantes de Nagarythe se consideraban los mejores guerreros de toda la raza élfica. Existían también reinos élficos menores, pálidas sombras de Nagarythe, insignificantes en importancia comparados con nuestra gloria.

 

AENARION Y LA PRIMERA

GUERRA CONTRA EL CAOS

 

Fue Aenarion el Defensor, el primer Rey Fénix y gobernante de Nagarythe, quien libró una gran guerra contra los servidores de los Cuatro Poderes en un pasado muy remoto. Se casó con la Señora Morathi y fue el padre de Malekith, el más grande de todos los elfos que jamás hayan existido.

 

Aenarion luchó y nosotros, el pueblo de Nagarythe, luchamos a su lado. Tras la primera Guerra contra el Caos, obtuvimos la victoria y el pueblo de Ulthuan quedó en deuda con nosotros.

 

Aenarion murió en combate y, como heredero legítimo, su hijo Malekith reclamó el trono para sí, pues era hijo del Rey, nacido para reinar, y el único elfo con derecho a reclamarlo. Pero había muchos señores que le tenían envidia, pequeños príncipes de reinos menores que se opusieron al noble Malekith con toda su fuerza. Pero él, en su infinita sabiduría, decidió no iniciar una guerra civil y, en su lugar, sugirió que se celebrasen unas votaciones para decidir el sucesor al trono. Los desagradecidos señores efectuaron su votación y, en lugar de a Malekith, escogieron a uno de los suyos para desempeñar una tarea que iba mucho más allá de sus aptitudes para gobernar. Fue un terrible insulto para toda Nagarythe; pero aún así, Malekith fue el primero en reconocer la elección de Bel Shanaar el Explorador, más conocido en nuestras leyendas como el Rey Buhonero.

 

Con el paso de los años, la inquietud de Malekith se acrecentó. Los enemigos de los elfos no habían desaparecido, pero Bel Shanaar no hizo nada para acabar con esa amenazas. Malekith intentó fortalecer el reino, pero fue inútil. Bel Shanaar fue incapaz de enfrentarse a la amenaza que representaba el pueblo enano, que, con el tiempo, se convirtió en nuestro enemigo. Shanaar sólo promovió acuerdos de paz con los enanos. Cegado por la codicia, animó a todos a comerciar con ellos en lugar de prepararse para la guerra. El futuro dio la razón a Malekith.

 

LA GLORIA DE NAGARYTHE

 

Mientras el resto de Ulthuan se divertía, la gente de Nagarythe preservó nuestro derecho legítimo y, dirigida por sus señores, perfecciono sus habilidades marciales y elevó el arte a nuevas cimas. El Culto del Placer dio como resultado las mejores canciones de esa era y Elfos como Oeric y Aesabai esculpieron las más delicadas y realistas esculturas para adornar los Jardines del Placer de Morathi. Nunca ha existido mayor belleza en todo el mundo conocido y esta jamás será recreada hasta que reclamemos el derecho sobre nuestras tierras.

 

Pero los príncipes de los otros reinos envidiaban cada vez más las riquezas de Nagarythe. Acusaron falsamente a Morathi de traición y alegaron que el Culto del Placer, del que ella era su máximo exponente, planeaba derrocar al Rey. Tras comprobar que no existía otro modo de salvar a su pueblo y a los de su sangre de una guerra fratricida, el Señor Malekith utilizó toda su astucia para trazar un plan que salvara a su reino. Se hizo con el control de las investigaciones sobre los asuntos internos del Culto y volvió a los agentes del Rey contra los príncipes que maquinaban la caída de Nagarythe.

 

Pero, finalmente, a Malekith sólo le quedó la opción de convocar a todos los Señores de Ulthuan ante la llama de Asuryan para desenmascarar al mayor traidor de todos. El Señor Malekith condujo a Bel Shanaar a la Cámara de los Días. Allí, los restos de la Piedra del Destino, que muestran los hechos del futuro en las cartas del fuego, revelaron la caída de los Elfos debido a la incompetencia de Bel Shanaar.

 

Bel Shanaar, enfrentado a la magnitud de su fracaso, se suicidó envenenándose al ver revelada su traición. Entonces Malekith se dispuso a salvar a la raza élfica; pero, al enterarse de la muerte de Bel Shanaar, los príncipes volvieron a conjugarse contra Malekith. ¡Locos! Eran como niños enfrentándose a un dios. Malekith trató de hacerles entrar en razón, pero, al final, acabó aniquilándolos para defender su vida.

 

Para reclamar su derecho al trono, Malekith se puso la Capa de Plumas real y se introdujo en la Llama de Asuyan, pues esa es la forma en que el gobernante de todos los reinos élficos es coronado. Pero los príncipes, envidiosos, habían provisto que Malekith iba a reclamar su derecho al trono y habían lanzado maldiciones sobre la Llama de Asuyan.

 

Durante el suceso más trágico de la historia de los Druchii, nuestro Señor quedó horriblemente desfigurado por las llamas malditas y sus servidores tuvieron que llevarlo de vuelta al Norte, donde Morathi y sus sacerdotisas lo atendieron hasta que logró recuperarse.

 

LA PRIMERA GUERRA

DE LA TRAICIÓN

 

Mientras tanto, nuestros enemigos no descansaban, sino que agitaron a las masas para que acusaran de traición al Rey Malekith. En su lugar, coronaron a un Caledoriano desalmado llamado Imrik; el cual, tras tomar el nombre de Caledor, empezó a reunir todas las fuerzas que pudo para destruir a Malekith, al que temía.

 

En poco tiempo los ejércitos del usurpador fueron enviados para amenazar nuestras fronteras y, al final, nos vimos forzados a tomar las armas contra nuestros equivocados y envidiosos hermanos. Los lanceros y arqueros de Cothique, las aurigas de Tiranoc y la caballería de Ellyrion arrasaron sin miramientos los campos de Nagarythe.

 

Pero nuestro pueblo conocía muchos conocimientos mágicos y ningún elfo decadente podía igualar la gloria de nuestras armas. Los Señores de Cracia, Cothique, Ellyrion y Tiranoc no pudieron vencernos, sino que huyeron gritando de miedo ante nuestras armas y volvieron a sus tierras, donde gimotearon, lamieron sus heridas y planearon la venganza. En un intento de acabar con el derramamiento de sangre de una vez por todas, les perseguimos y arrasamos los traicioneros reinos de Ellyrion y Tiranoc cual espada flamígeda. Malekith reunió al resto de reinos élficos leales. De Saphery llegaron grandes magos que, con sus augurios, habían comprobado lo justa que era la causa de nuestro Señor Malekith. De Caledor llegaron sabios sacerdotes bastantes desilusionados con el proceder del dios Vaul y ofrecieron a Malekith sus servicios como herreros.

 

Mientras la guerra se extendía, el Rey Malekith llamó a sus herreros; los cuales, ayudados por Hotek, un noble sabio y justo que una vez fue seguidor de Vaul, crearon una fabulosa armadura para él. A continuación, el rey montó en su dragón Baraug y se dispuso para la batalla junto con los gloriosos ejércitos leales de Nagarythe. Así se inició la Guerra Más Larga, que terminaría con el último de nuestros repugnantes primos sacrificado en medio de gritos ante el altar de Khaine.

 

Malekith libró siete grandes batallas y en las siete obtuvo la victoria, pero Caledor el traidor envió numerables hordas de los suyos gracias a sus mentiras y falsas promesas. Debido a su traición, y también a un poco de suerte, Caledor derrotó al Rey Malekith en la batalla de Maledor y, de un golpe, consiguió matar al gran y noble Baraug.

 

EL GRAN RITUAL

 

Tras esta derrota, Malekith, determinado a defender su reino, llamó a los sabios más poderosos de entre sus seguidores y preparó un gran ritual. Había planeado liberar el Gran Vórtice que contiene el Reino del Caos e invocar las legiones caóticas sobre la faz de la tierra para obligarlas a servirle. Las sacerdotisas de Morathi, las hechiceras más poderosas del mundo, se unieron también a Malekith. Hubiesen tenido éxito en su propósito de no ser por un cobarde traidor, Urathion de Ullar, que traicionó a su señor y se dio a la fuga para informar a los petimetres de Hoeth a cambio de una mera recompensa en oro. Por su traicionera acción, murió a manos de Kithan, el Maestro Asesino, y, durante toda le eternidad, los demonios desgarrarán su alma en el Vacío.

 

Se dice que el poder del Caos podía haber escapado a nuestro control, pero yo estaba allí y puedo afirmar que teníamos la fuerza suficiente. Fuimos y somos los Maestros del Caos, y los poderes del Caos son nuestros servidores. Pero retorcidos sabios de Hoeth, alarmados por Urathion, molestaron a las sombras de los muertos que descansaban en la Isla Maldita y sus terroríficos hechizos desencadenaron una terrible fuerza que provocó el hundimiento de gran parte de las tierras de Nagarythe. Una terrible tormenta de olas gigantescas se estrelló contra nuestras hermosas costas.

 

Para salvar a nuestro pueblo de ese cataclismo, los magos del Rey Malekith lanzaron muchos conjuros y los palacios y fortalezas de Nagarythe se libraron de sus ataduras a la tierra y flotaron en el mar. Este es el origen de las Arcas Negras y también es la forma en que nuestro pueblo logró sobrevivir y preservar nuestro legado. Pero nuestro magnífico y hermoso reino se hundió bajo las olas. Lloramos por aquella pérdida y juramos venganza.

 

No necesitamos aguardar mucho tiempo antes de que pudiéramos llevar a cabo nuestra venganza, ya que Caledor construyó una enorme flota de barcos con la que se atrevió con la que se atrevió a enfrentarse a nuestras poderosas Arcas Negras y veleros durante muchos años; hasta que, finalmente, nuestros conjuros desencadenaron una tormenta sobre su flota que diseminó sus buques. Nuestra gloriosa flota, que controlaba el mar entonces como ahora, cayó sobre él. Pero, en lugar de enfrentarse al rey y su justicia, Caledor escogió el camino de los cobardes y se suicidó lanzándose al mar con toda su armadura. Esto fue lo que le ocurrió a Caledor el Traidor. Fue un justo final para el Elfo causante de tanto daño sobre su verdadero señor.

 

LA CONSTRUCCIÓN DE LAS SEIS CIUDADES

Y LA GUERRA CONTRA LOS ENANOS

 

Sin Caledor al frente, los cobardes de Ulthuan tuvieron poco coraje para hostigarnos. Así que, de esta forma, acabó la guerra y nos retiramos a Naggaroth, llamada así en memoria de nuestras hermosas tierras, donde nos fortificamos. Recorrimos las tierras y exterminamos y esclavizamos a los repulsivos bárbaros humanos que las habitaban en preparación a la guerra que se avecinaba.

 

Nuestros constructores edificaron seis grandes ciudades que fueron divididas entre los señores de nuestra raza. Naggarond, la Torre del Frío, se reservó para el Rey Malekith. Ghrond se otrogó a la casa de Kalanth, el puerto de nuestra flota, fueron otorgados a los más fieles seguidores del rey. Nos llevó muchos años la construcción de nuestras torres y defensas y, mientras tanto, los de nuestra raza de Ulthuan conocieron a nuevos enemigos: los Enanos de las distantes tierras del este.

 

Algunos han llegado a decir que fuimos nosotros, los Druchii, los que instigamos a la raza tosca contra los decadentes príncipes de Ulthuan. Pero estas afirmaciones son sólo mentiras. Los Enanos no necesitaban una excusa para empezar la guerra y nuestros equivocados primos se bastaban solos para crear hostilidades. De este modo se comprobó que la predicción de Malekith era cierta y los Enanos se convirtieron en los enemigos de la raza élfica.

 

Durante una era entera, los ejércitos del pretendiente al trono de Ulthuan y los Reyes Enanos lucharon entre sí. ¡Lo que nos reímos con los informes de su locura! El mejor testimonio de la debilidad de Ulthuan es que ellos fueron incapaces de destrozar a esos advenedizos rápidamente y sin piedad. Como colofón Caledor Segundo logró deshonrar a toda nuestra raza cayendo bajo el hacha del Rey Enano Gotrek Rompeestrellas en combate singular. ¡Escupo en su memoria!

 

LA GUERRA EN EL NORTE

 

Nuestros augurios predijeron que era el momento de que nuestros ejércitos volvieran a atacar Ulthuan. Cuando finalmente atacamos, empujamos a los Elfos de Ulthuan hacia las tierras del sur con nuestra irresistible fuerza. Volvimos a levantar la cuidad de Tor Anlec, el diamante más brillante de la corona de Nagarythe. Nosotros, los únicos y verdaderos gobernantes de Ulthuan, habíamos regresado. La guerra recorrió toda la isla y mucho de lo que era nuestro fue recuperado. Durante siglos nuestras tierras ancestrales nos pertenecieron y las gobernamos y, a pesar de las necesidades de la guerra, florecieron la prosperidad y nuestra herencia.

 

Pero fue entonces cuando Tethlis El Asesino, un azote para la vida, fue elegido como gobernante de Ulthuan. Se tarataba de un enemigo implacable que logró convertir a los blandengues Elfos de Ulthuan en algo parecido a la fuerza de combate. Asedió Anlec con un gigantesco ejército y, tras una dura y larga batalla, la ciudad cayó. Tethlis ordenó acabar con las vidas de todos los Druchii supervivientes, incluidas las familias que habían regresado para vivir en la tierra de sus antepasados. De esta forma, los cobardes de Ulthuan habían sembrado el terror sobre sus propias cabezas.

 

La última y más amarga batalla, la Batalla de las Olas, se libró en la Isla Marchita, donde luchamos contra aquellos que querían profanar el sagrado lugar de Khaine con su presencia. Nuestros ejércitos lucharon valientemente, pero no fue suficiente, ya estábamos ampliamente superados en número. El altar de Khaine y el cetro sagrado de nuestro rey, cuyos restos descansan allí, fueron capturados por nuestros hermanos menores. Llegará el día en que volvamos a recuperarlos e innumerables almas se encomendarán a Khaine sobre su sagrado altar. ¡Ah, glorioso Khaine, ese será un día de fiesta!

 

LA ERA DE LA ODIOSA PAZ

 

 

 

En Ulthuan, Bel-Korhandis sucedió a Tethlis en el trono, con lo que continua la larga mascarada de reyes falsos. Le dio una nueva profundidad al concepto de corrupción, pues parecía que la raza ya no podía caer más bajo; mientras nosotros construíamos una flota y enviábamos a nuestros ejércitos a consolidar nuestro dominio sobre las tierras del norte, él se dedicaba a dilapidar las arcas de Ulthuan para construir una torre de dimensiones colosales comparable tan sólo a su propia ego. Allí se dedicó a coleccionar decadentes obras de arte y a llenar su corte de aduladores y cortesanos que se dedicaron a acabar con los últimos vestigios del espíritu élfico.

 

De este modo, los débiles de nuestra raza se dedicaron a cultivar la poesía, el baile, la jardinería y otras tonterías mientras nosotros observábamos satisfechos cómo descuidaban sus ejércitos y cómo olvidaban hasta la última de las tradiciones militares de nuestro pasado. Realmente, se habían convertido en menos que nada y apenas eran merecedores de llamarse Elfos, los Primeros Hablantes. Pero nosotros, con nuestros recuerdos atenazando nuestras mentes con el fragor de la batalla, no habíamos olvidado ni un ápice nuestros conocimientos; y nuestra sabiduría fue creciendo con el transcurso de la que denominaremos la Era de la Odiosa Paz.

 

Durante esos años construimos y planeamos. Las hordas del Caos hacía tiempo que hostigaban nuestra frontera del norte, así que el Rey Malekith, en su sabiduría, ordenó la construcción de una serie de fortalezas para guardar nuestras tierras. Desde aquel día, pudimos mantener a las amenazantes hordas del Caos bajo control. Nuestras Arcas Negras establecieron colonias en la zona más meridional del continente de Lustria y en las distantes tierras de Catai. Libramos muchas guerras contra el Trono del Dragón de Catai y nuestros ejércitos trajeron a su regreso muchas maravillas del Este con las que enriquecimos nuestro reino y llenamos las arcas del Rey Brujo.

 

Los años transcurrían con rapidez y los siglos casi al misma velocidad. En aquella época, un nuevo rey, más decadente incluso que Bel-Korhandis, ocupó la corona de Ulthuan. Entonces se nos presento una oportunidad: incluso si se nos hubiese dado lo opción de elegir al recientemente nombrado Rey Fénix, no hubiésemos podido encontrar a un gobernante más inepto que Aethis El Cobarde, el rey poeta de Saphery.

 

Aethis era un demente y descuidó por completo la fuerzas del ejército, así como la flota. Con su guardia baja, atacamos Ulthuan en secreto y en silencio, como corresponde a un Druchii. El más valiente y con más talento para las intrigas políticas de nuestra raza se dirigió en secreto para Ulthuan y, con el transcurso del tiempo, su influencia se extendió. Introdujimos agentes incluso en la misma corte del Rey Fénix que se dedicaron a propagar rumores sobre la muerte del gran Malekith que sosegaron los ánimos de los habitantes de Ulthuan con un sentimiento de falsa seguridad. En secreto controlamos muchos reinos élficos de una forma que ni siquiera sospechaban nuestros perezosos y cegados hermanos de raza.

 

Durante muchos años, nuestros agentes lucharon su guerra entre las sombras; pero, al final, la orden de los Maestros de la Espada de Hoeth se reveló contra nosotros. Esta hermandad de opresores y asesinos era el mayor enemigo de nuestra causa y muchos héroes perdieron la vida en ejecuciones públicas; aunque añadiría que muchos inocentes fueron sacrificados también, pues habíamos extendido nuestra red de intrigas con cuidado y atención.

 

Finalmente, el cabecilla de nuestros agentes, Girathon, el Consejero del Rey, fue desenmascarado. Bajo amenazas de tortura, decidió luchar como un auténtico Elfo y acabó con la vida del cobarde Aethis. Esto sumió a Ulthuan en el caos, por lo que el nombre de Girathon será siempre glorificado en nuestras leyendas.

 

EL DÍA DE LA SANGRE Y LA

REANUDACIÓN DE LA GUERRA

 

El siguiente en ascender al trono de Ulthuan fue un candidato realmente patético: Morvael, otro sabio afectado y decadente. Recuerdo el día en que enviaron una expedición de castigo a Naggaroth. Ese día se recuerda entre los nuestros como el Día de la Sangre y es una de nuestras mayores victorias. Una flota entera, formada por cientos de barcos, cayó en una trampa y fue aniquilada en el Mar Frío. No dejamos supervivientes y nos tomamos nuestra justa venganza por el saqueo de Anlec.

 

Con la flota de Ulthuan destruida, lanzamos la contraofensiva que habíamos preparado durante tanto tiempo. La punta de lanza la formaban guerreros esclavos humanos vociferantes y bajo los efectos de las drogas. Una vez más, volvimos a levantar las torres de Anlec y reconquistamos todas nuestras tierras entre Islas y la Puerta del Grifo. Eran días gloriosos para los nuestros: íbamos consiguiendo victoria tras victoria y gran número de enemigos fueron sacrificados en los altares de Khaine.

 

Desesperados, los Señores de Ulthuan decidieron enviar a todos sus hijos a la guerra: alfareros, carpinteros y granjeros. Dimos buena cuenta de miles de esos borregos. El único acierto de Morvael fue el nombramiento de Menethus de Caledor como general. Él fue el único que ofreció un poco de resistencia y, finalmente, logró que nos replegáramos debido a la superioridad numérica de sus campesinos y mercaderes. Preparamos emboscadas y combatimos mientras nos retirábamos para no ceder nuestras tierras con facilidad. Por cada guerrero Druchii que perdía la vida, acabábamos con diez secuaces de Morvael. Pero finalmente, nos vimos forzados a abandonar Anlec y zarpar una vez más en las Arcas Negras. Satisfechos por la destrucción de los ejércitos de Ulthuan volvimos a Nagarythe, donde reunimos nuestras reservas. Al enterarse del elevado de número de guerreros perdidos, Morvael se lanzó a la Llama de Asuryan. Era el tercer Rey Fénix que se quitaba la vida. Durante cinco mil años, Malekith ha gobernado como el Rey Brujo de los Druchii. No ha pensado si quiera en el día de s muerte, sino solamente en el restablecimiento de nuestro reino. Realmente es sangre de dioses la que corre por sus venas comparada con el agua que fluye por las venas de los gobernantes de Ulthuan.

 

LA NUEVA ERA Y NUESTRO

GLORIOSO FUTURO

 

En los próximos milenios consagraremos nuestras vidas a ampliar nuestra influencia en el resto del mundo. Nuestras Arcas Negras viajan a tierras cada vez más lejanas. Desde la distante Catai hasta las costas del Viejo Mundo, los animales humanos han aprendido a temernos; y en las forjas de Naggarond los esclavos Humanos, Orcos, Goblins y Enanos trabajan día y noche para abastecer las armerías del Rey Brujo. Las bibliotecas de Karond Kar poseen un total de sesenta mil libros de hechicería. En las tablas de piedra negra de Naggarond se grabó el legado de nuestro pasado para que sea transmitido a las generaciones venideras. En las lejanas tierras del este derrotamos a los ejércitos de Catai y capturamos cien mil prisioneros en un solo día.

 

En las junglas meridionales de Lustria descubrimos las últimas manzanas podridas de la civilización del Viejo Mundo. Acabamos con unos guardianes reptilianos, saqueamos sus templos en ruinas y nos llevamos sus placas de glifos doradas a nuestras ciudades. Gracias a ellas, nuestras hechiceras obtuvieron conocimientos mágicos del pasado desconocidos por nuestros enemigos. Ahora poseemos el conocimiento de las grandes magias del pasado que liberaron al Caos sobre el mundo y sabemos cómo poner a nuestro servicio a los Cuatro Grandes Poderes. Realmente, nos hemos convertido en los maestros de la hechicería.

 

Las historias sobre las riquezas de los reinos élficos animaron a los salvajes Nórdicos a atacar las costas de Ulthuan, lo que debilitó su flota de navíos y creó una gran confusión. Gracias a nuestros conjuros, hechizamos a los Dragones de Caledor, que cayeron en un profundo sueño del que no han vuelto a despertar.

 

Hace apenas trescientos años, hicimos un pacto con nuestros antiguos enemigos, los Señores del Caos, y nuestros ejércitos tomaron la Isla Maldita y las tierras de Nagarythe y la Flota de Plaga y las Arcas Negras arrasaron los navíos de la flota de Ulthuan.

 

La era actual es, a mi juicio, un momento de consolidación y renovación. Hemos hecho grandes progresos y abarcamos este sombrío mundo con ambas manos. Se acerca la próxima incursión del Caos y nosotros montaremos a la grupa de su tormenta y seremos como los propios dioses.

 

Ahora estamos por fin preparados: nuestros planes son impecables, nuestros ejércitos no tienen rival, nuestro odio no conoce límite alguno. Se acerca la hora de la victoria final. Ahora debo descansar, pues me encuentro cansado de escribir. Mañana ordenaré a mis esclavos que me traigan una cimitarra y un collar encantado hecho con los huesos de mis hijas traidoras e iré de nuevo a la guerra. Sirve al Rey Brujo, joven Druchii, y no olvides nunca nuestro legado.





PHP-Nuke is Free Software released under the GNU/GPL license. Nuke ET Copyright © 2007 por Truzone.    Apache    Php    MySql    Incluye nuestras noticias en tu web.    Sistema Antispam

Navegad mas rápido usando Firefox.        Pagina optimizada para una resolución de 1024 x 768.